Técnicas policiales y judiciales en la investigación criminal

 

 

POLICE AND FORENSIC TECHNIQUES IN THE CRIMINAL INVESTIGATION

Autor: Julio Leal Medina


 

Docta Ignorancia Digital, 2011; ISSN 1989 – 9416. Año II, núm. 2 – Derecho

PALABRAS CLAVE: Investigación criminal, ciencia forense, escenario del crimen, huella dactilar, huella genética o ADN, interrogatorio policía, cuerpo del delito.  

 

KEY WORDS: Criminal investigation, forensic science, crime scene, fingerprint, genetic print or DNA, police interrogation, corpus delicti.

 

RESUMEN: La curiosidad por el mundo de lo criminal, en un entorno cada vez más globalizado, no deja de asombrarnos. Observamos que las herramientas de que dispone la policía para averiguar el delito, e identificar al delincuente, están de plena actualidad. La investigación criminal ha alcanzado un protagonismo social inigualable. Así sucede con la huella dactilar, el análisis del ADN, el interrogatorio del sospechoso, las cámaras de grabación o el estudio científico del cadáver.

 ABSTRACT: Curiosity about the criminal world, —in an increasingly globalized world—, never ceases to amaze us.  We noted that the tools available to the police to discover a crime and to identify the offender are up to date.  Criminal investigation has reached a unique social role.  So it is with the fingerprint, the DNA analysis, the suspect’s interrogation, the recording cameras or the scientific study of cadaver.




Resulta sorprendente la importancia que adquiere el mundo del crimen en las sociedades occidentales actuales. No es casualidad que la historia de la humanidad esté vinculada desde siempre con los delitos , y la delincuencia constituya uno de los fenómenos sociales que más nos preocupa. De ahí que sea frecuente que todos los canales de televisión dediquen al menos diez minutos al día en su espacio de noticias, a informar y trasladar a la opinión pública los asesinatos y crímenes más extravagantes acaecidos en el mundo a manos de una serie de sujetos desalmados y despiadados. Prensa escrita, radio y televisión nos sirven a diario un amplio menú de violencia , esparciendo y espolvoreando en los medios de comunicación de masas, las atrocidades a las que nos tiene acostumbrados la maldad humana. Pero no solo el descubren el hecho sin más, sino que se atreven a dar detalles puntuales de la situación en que se encuentra la investigación criminal, a señalar a los posibles sospechosos del delito y recordar las medidas adoptadas en orden a identificar al culpable y su puesta a disposición judicial. Es como si asistiéramos in situ al desarrollo de una novela del más puro estilo policial, o como si formáramos parte de una clase diaria de derecho penal, donde el lector o el oyente tuviera que conocer los entresijos y vericuetos legales por donde discurre el caso para no descolgarse del desenlace final.

El fenómeno traspasa fronteras. Y el estudio y análisis del crimen se ha introducido de forma inesperada en todos los hogares españoles. No en vano proliferan las series de televisión sobre el sistema policial o judicial, que están más en boga que nunca. Conocer las técnicas y métodos empleados en la investigación criminal, se ha convertido en una necesidad imperiosa para no perderse en el mundo moderno en que nos encontramos dominado por el auge que tienen este tipo de disciplinas y materias en las culturas democráticas, donde la curiosidad por el mundo de lo prohibido y morboso, se ha disparado.

La salvaguarda y protección moral de principios como la libertad, la justicia y la seguridad, pueden estar detrás del bombardeo constante al que nos tiene acostumbrado los medios de comunicación, ya que las crónicas sobre crímenes espeluznantes vienen a cuestionar dichos principios. Esto puede entenderse como una manera de reprobar dichos comportamientos y de aportar un contenido educativo en el conocimiento de aquello que no se debe hacer, reafirmando los valores éticos universales. Aunque también puede justificarse por el interés desmedido que despierta en todo ser humano lo perverso y el mal, lo que atrae la noticia en cuanto se conoce. Porque el delito supone no sólo la infracción penal o el reproche culpabilístico al que se anuda una sanción o castigo por ello, sino que es una conducta que socialmente destruye la convivencia ciudadana, y cercena un elemento esencial que gobierna las relaciones humanas como es la confianza. Uno confía en que su vida, en el trato diario con sus semejantes, no corre peligro y actúa en la esperanza de que sus derechos individuales no van a ser dañados. Por eso tienen tanto éxito las series de televisión relacionadas con el aparato policial o criminal, porque tocan los sentimientos y valores más íntimos del ser humano.  

Pero el interés social por lo criminal, no actúa sólo, sino que cuenta con una serie de protagonistas alrededor del cual se mueve toda investigación penal. Dejando a un margen al agresor y su víctima, tenemos. Por un lado, los equipos científicos policiales especializados en el área forense. Al mando está el director del laboratorio criminal en coordinación con los inspectores encargados de las pesquisas integrados en las unidades de policía judicial . Por otro, se encuentra el director formal de la investigación, que como regla general recae en el Juez de Instrucción del lugar donde se ha cometido el crimen . Además es el garante de los derechos fundamentales en el proceso. Y en un tercer estadio tenemos al Ministerio fiscal , que como depositario de la acción pública en la persecución de los delitos, es el responsable principalmente de la acusación penal, pudiendo también dirigir la investigación en marcha, arbitrando todo tipo de diligencias a las fuerzas del orden con el fin de descubrir el hecho e identificar al delincuente, ordenando su detención, y formalmente llevarlo a juicio oral para demostrar su culpabilidad. Aunque hay otros intervinientes y actores en el desarrollo de una instrucción penal como el abogado defensor, el médico forense, el patólogo, o los peritos y los diferentes especialistas asignados al caso.

A continuación, y una vez que sabemos los motores sobre los que pivota toda investigación criminal, nos proponemos describir las herramientas de trabajo más utilizadas por la policía en la averiguación del delito e identificación del delincuente , teniendo en cuenta que su descripción no constituye una clasificación dogmática o doctrinal al uso. El objetivo es mucho más modesto. Se trata de que cualquier persona pueda contar con una serie de elementos de juicio acerca de los instrumentos legales que existen a disposición de las fuerzas del orden, con el fin de detener al culpable y llevarlo ante la justicia.

En primer lugar, por su carácter pionero en la identificación del delincuente, tenemos que hacer referencia a la huella dactilar o digital . Esta constituyó en su momento histórico, la revelación más importante que dispuso la Policía para descubrir al criminal. A través de la dactiloscopia, que consiste en el estudio de los dibujos o crestas papilares que existen en las yemas de los dedos de las manos puestas al contacto con una superficie plana entintada, fue posible la identificación física del individuo. La apertura de la ficha dactilar parte con la detención policial. Sobre los diez dedos de las manos se practica la llamada reseña decadactilar . Después, las posteriores identificaciones se acometen sobre la huella del dedo pulgar de la mano derecha. Es relevante para la identificación del sospechoso, los llamados puntos característicos  que son señales o dibujos muy particulares que se pueden encontrar bajo los surcos y crestas que hay en el dactilograma del dedo. Este tipo de identificación es muy propio del mundo anglosajón. El avance de la ciencia, trajo la huella digital, que no es otra cosa que a la luz de las ventajas que ofrece la informática, apreciar las diferencias y semejanzas que existen en la huella, obtenida de cualquier superficie u objeto vinculado con el delito, y compararla para su identificación con las huellas de la base de datos de los individuos que han sido fichados policialmente, tienen antecedentes penales o se encuentran incluidos en el registro informático que maneja el ordenador. No cabe duda que la potencia y velocidad que imprimen las nuevas tecnologías, hacen de esta técnica una identificación muy valiosa y rápida, y no sólo por poder reconocer a una persona en menos de un segundo, sino porque permite realizar búsquedas en frío, es decir, localizar huellas parecidas con las huellas encontradas en el lugar del crimen sin tener en cuenta a ningún sospechoso en concreto.

Las siglas conocidas como ADN , que hacen referencia a la sustancia química conocida como ácido desoxirribonucleico, constituye actualmente el sistema de identificación científica más importante que existe. El conocimiento y descubrimiento del código genético que hay en cada una de las células humanas, y que individualiza a cada uno de nosotros, supone el mayor servicio de la ciencia a la investigación criminal. Su aplicación requiere de restos biológicos encontrados en la escena del crimen. Cuero cabelludo o pelos , sangre, semen, saliva , dientes, huesos u otros tejidos como la piel donde se localice células humanas, son los soportes orgánicos que permiten aplicar dicha técnica. El carácter científico del ADN , ha hecho posible que la identificación policial, consiga las máximas cotas de acierto y verosimilitud. Su altísimo porcentaje, en caso de ser afirmativo el cotejo de las muestras biológicas entre la víctima y el agresor, puede llegar al 99 por ciento, por lo que resulta ser una prueba directa difícil de refutar.   

La descripción física del individuo y los rasgos morfológicos o antropomorfos que le definen o caracterizan pueden ser determinantes para la investigación. La altura, peso, características de los hombros, anchas espaldas, tórax prominente, complexión atlética, pícnica, o fibrosa, rasgos faciales; boca, nariz, orejas , tipo y color de ojos, barbilla, cabeza, clase y color de pelo, su falta o una calvicie parcial, son elementos fundamentales de identificación del delincuente. Además resulta interesante la longitud de los brazos, las manos grandes, si le falta algún miembro o dedo, o la existencia de cualquier otro defecto o lesión. Otro tanto se podría decir de las extremidades inferiores.

La identificación del sujeto por algún tipo de cicatriz, operación quirúrgica , o tatuajes impresos en su cuerpo, es igualmente posible. En este último caso, el tipo de dibujo realizado, su colorido, espectacularidad, o la fuerza o poder que irradia, puede ser también determinante para la investigación criminal.

Mención aparte merece la identificación por las piezas dentarias del sospechoso y las huellas dejadas sobre la víctima. La odontología forense, es una rama de la odontología que trata del manejo y el examen adecuado de la evidencia dental y la valoración de los hallazgos dentales para la justicia e investigación criminal. Es a través de las marcas que deja el mordisco del agresor sobre la piel y carne de la víctima, la que hace posible su identificación. Al sospechoso se le toma sobre un molde una muestra de su dentadura y se compara con la figura de la mordida. La posición de los dientes y el dibujo que presentan , su tamaño, ausencia, o la presencia de características individuales como fracturas, anomalías o roturas, son fundamentales. También son significativos, el ancho de las arcadas dentales y la forma geométrica de las impresiones. La aplicación de este método resulta fiable por dos motivos. El primero, porque la posibilidad de encontrar dos marcas de mordisco iguales, son similares a las probabilidades que ofrece la huella dactilar; es decir, dos y medio billones frente a una. El segundo, porque los dientes son los tejidos del organismo humano, que debido a la composición de sus elementos, mejor resisten a los diferentes agentes destructivos. Es por eso que la técnica identificativa dentaria, se ha mostrado muy útil a la Policía en los delitos sexuales graves y en aquéllos relacionados con abusos y agresiones a menores.  

No es infrecuente encontrar casos criminales que se han resuelto por medio de los sonidos acústicos que han dejado impresa la voz del acusado. Bien sea por las conversaciones telefónicas, o por las cintas que se envían en los secuestros de personas con las órdenes a la familia de cómo debe hacer la entrega de dinero, la voz de los culpables queda recogida en dichos soportes. Es a partir de este dato cuando los peritos especialistas en el examen y análisis de voces de la Policía Científica pueden empezar a operar con esta técnica de identificación. Se sabe, que la voz y la palabra hablada dejan una huella de representación visual que permite su estudio. La comparación del dibujo de estas voces visuales con aquéllas que se parecen o el cotejo de una serie de sonidos simples y complejos, estableciendo las similitudes y discrepancias que existen entre ellos, es la herramienta con la que se trabaja. Aunque también es de interés criminal, el ritmo de la respiración de la voz del sospechoso, las palabras y localismos utilizados, o el acento empleado .

El interrogatorio del sospechoso o detenido , es una de las técnicas de investigación criminal más importante a disposición de las unidades de policía judicial. El investigador debe ser una persona hábil e ingeniosa, experta en la materia, capaz de sonsacar datos primordiales que permitan confeccionar el cómo, la manera y el porqué del delito. Las preguntas deben ir encaminadas a averiguar el crimen, el grado de participación y culpabilidad del sujeto y hacer que las sospechas se concreten y materialicen en indicios racionales de criminalidad y futuras pruebas. Las contradicciones en las que pueda caer el interrogado comparándolas con los datos que obran en la investigación y con los hechos conocidos hasta el momento, pueden ser relevantes indicios que hagan avanzar las pesquisas. Las omisiones o las respuestas evasivas , o la actitud del sospechoso ante el crimen , pueden ser signos valiosos para el investigador, aunque judicialmente puedan tener poca trascendencia penal, sino van acompañados de otros elementos de juicio incriminatorios. Al igual que una declaración estrictamente desafiante y provocadora, o responder a las preguntas del interrogatorio con un tiempo de espera que excede de lo habitual, son síntomas de que el sujeto puede ocultar información o miente, aunque esto por sí sólo tenga relevancia a nivel policial, ya que en la fase de instrucción penal, el juez ha de contar con algo más que conjeturas y sospechas.

El lenguaje verbal y los estados de ánimo del interrogado; ira, desprecio, rencor, placer o sorpresa, suele manifestarse en nuestro semblante con diferentes expresiones y movimientos del cuerpo, lo que no pasa inadvertido para la policía. El nerviosismo, la ansiedad, el estrés o la tensión a la hora de declarar; aumento del ritmo cardíaco, sudoración, sequedad de boca o el nudo en la garganta, suelen ser fuentes mediatas de análisis criminal. La observación directa de los gestos del procesado, el desvío de la mirada, impulsos reflejos de los músculos de la cara a la hora de contestar al investigador; un arqueo de cejas, una mueca determinada o labios presionados, son examinados a cámara lenta por los investigadores, lo que puede sugerir al instructor alguna línea de investigación en concreto. Se dice que la verdad está escrita en nuestro rostro. Los psicólogos han estudiado la forma de hablar de nuestras emociones. A través de los estímulos y señales que envía nuestra mente y aparecen externamente de manera inconsciente, la policía cuenta con una ciencia que puede resultar muy útil.    

El interrogatorio judicial del detenido, es una técnica de averiguación del delito que se regula en nuestra Ley procesal , al igual que ocurre con la confesión del acusado , o el interrogatorio de los testigos.

El reconocimiento del imputado o detenido , o su identificación fotográfica a través del álbum de fotos , es otra técnica trascendental para finalizar con éxito las pesquisas criminales. La conocida como rueda de reconocimiento de presos, puede ser realizada tanto en la propia comisaría en presencia del abogado defensor y el testigo que va a señalar al sospechoso, como posteriormente ante el juez instructor. En ambos casos, el objetivo es señalar sin ningún género de dudas al procesado como el autor del delito.   

La caligrafía o cuerpo de escritura, es otra forma de reconocimiento e identificación del delincuente con la que cuenta la policía científica. De esta técnica forense se ocupan los expertos en grafología, que vienen a certificar y declarar ante el tribunal, si las letras que aparecen escritas en el documento relacionado con el delito, u en otro soporte , se corresponden con las del acusado. Los grafólogos parten del hecho de que las letras y palabras expresan una idiosincrasia y forma de ser del individuo de acorde con sus experiencias y circunstancias personales. Las variaciones individuales de los estilos de letras fijos o constantes, y las características de las palabras que emplea su autor, son algunos de los elementos con los que cuentan los peritos caligráficos en la materia . Además, el estudio grafológico se ve apoyado por el análisis científico del papel y de la tinta, lo que proporciona mayor seguridad a la investigación criminal. El ámbito de aplicación de esta herramienta es significativo. No obstante, el uso de la escritura mecanografiada y sobre todo de las impresoras actuales, ha mermado el valor este tipo de análisis, cuyo protagonismo ahora corre de cuenta de los expertos informáticos.     

Otro método relevante para la investigación criminal, lo constituyen la inspección ocular y la reconstrucción de los hechos. Mientras que en el primer caso, el Juez de Instrucción puede ordenar la salida del tribunal de su sede para ver directamente el lugar del delito y hacerse una composición del cómo y la manera en que se produjeron los hechos , en el segundo caso, hablamos de un supuesto donde por lo general el instructor judicial suele contar con la confesión del acusado, y únicamente se acude al escenario del crimen con su presencia física para que proceda a dar detalles puntuales relacionados con el acto criminal.  

Las cámaras de grabación de imágenes, son un instrumento de identificación criminal muy valioso. Pueden ser un testigo directo y una prueba fundamental. De hecho, la presunción de inocencia, cede ante la reproducción de la película de vídeo donde se descubre y revela claramente, no sólo el delito cometido, sino los individuos que lo perpetran. Aunque la identificación, en muchos casos, puede resultar complicada si los agresores actúan con la cara cubierta, ocultando el rostro con pasamontañas o antifaces. El mundo de la tecnología ha hecho que en las grandes ciudades se sitúen multitud de cámaras. Las tenemos en las entradas de las entidades bancarias, en ciertos locales, en los parking y lugares públicos como el metro o la universidad , zonas de ocio de los grandes hipermercados, gasolineras, hoteles, ciertas avenidas, y en determinados lugares estratégicos. No obstante, hay otras muchas que no están operativas, otras están de forma disuasoria pero no funcionan, y otras simplemente no sirven para grabar imágenes, lo que viene a dificultar las tareas de identificación de los delincuentes.

Bajo el denominado cuerpo del delito  se integran un conjunto de objetos, vestigios, muestras biológicas, armas del crimen, utensilios y artilugios empleados para cometer el delito o que guardan relacion con este. Además de restos orgánicos, partículas que hablan al experto forense a través de la visión que ofrece el microscopio, fragmentos de fibras, de aparatos o de materiales  relevantes para la investigación criminal. El vehículo utilizado en la perpetración del delito, debe ser objeto de un profundo análisis en el laboratorio criminal. Restos de sangre encontrados en su interior, filamentos e hilos de ropa, o rastros de los golpes, abolladuras o arañazos en alguna de sus partes, son importantes. Aunque el vehículo puede no ser fuente de indicios sino ser propiamente el arma del crimen. Huellas que dejan los neumáticos sobre la tierra , o restos de su fuselaje desprendido, son de interés para la labor criminalística. Generalmente, todos los vestigios que el investigador criminal recoge del escenario del crimen, tienen entrada en el mundo judicial a través de los llamados indicios. A ojos de la Defensa pueden tratarse de pruebas circunstancias sobre el delito, que no desvirtúan la presunción de inocencia de su cliente, pero lo cierto es que la prueba de indicios tiene carta de naturaleza en el juicio oral. Para ello deben estar a disposición de las partes en el proceso penal, ser sometidos a contradicción, entrar en el debate penal, y formalizarse legalmente bajo los principios de inmediación, concentración, oralidad y publicidad como ordena el Tribunal Constitucional para que así pueda ser condenado el acusado.   

La facilidad con la que se puede poner fin a la vida de una persona, es debido al uso de armas de fuego. La notoriedad que han adquirido como instrumento de matar, es asombrosa. Pero el uso de revólveres y pistolas, deja rastros al investigador que no escapa a su examen científico como cuerpo del delito, permitiendo descubrir al delincuente. Es a través del estudio de los restos, huellas y dibujos que dejan las balas sobre el percutor del fusil, cuando la identificación del asesino puede estar próxima. Los peritos en balística de la Policía judicial o científica, suelen tener numerosas armas de fuego con el que proceder al reconocimiento de las balas con la que se ha cometido el crimen .  

La intimidad de todo individuo, es un derecho fundamental que se contempla en la Constitución en su art.18. Y la intimidad del sujeto investigado, también resulta protegida jurídicamente. No obstante, la entrada y registro del domicilio del imputado , o la intervención de las comunicaciones telefónicas, así como de su correspondencia, o de los aparatos informáticos u ordenadores  que posea, pueden servir a los investigadores para recoger elementos de juicio que incriminen al sospechoso. Para dicho cometido se requiere autorización judicial, salvo que estemos en presencia de un delito flagrante, o que el titular del derecho haya consentido y permitido a los investigadores el registro o la intervención de las comunicaciones.

La existencia del cadáver, y su posterior estudio y análisis por los expertos forenses para su identificación, es el primer paso para averiguar el delito y descubrir al culpable. La estadística criminal nos muestra el hecho de que un amplio número de crímenes son cometidos por algún miembro del entorno familiar o allegados a la víctima, por lo que llegar a conocer a quién corresponde el cuerpo encontrado; poner nombre y apellidos al cadáver, supone el comienzo en toda investigación criminal. El cuerpo sin vida de la víctima, puede ofrecer al médico forense y al experto, multitud de datos. Por la descomposición del cuerpo, su color de piel, hinchazón, el olor que despide, o la existencia de una gama de insectos a su alrededor , se puede deducir la hora de la muerte.

Los restos óseos, su longitud, peso, tipo, o la composición de las sustancias químicas de que están hechos, son también elementos antropológicos relevantes en la identificación de la víctima. Dentelladas y señales proporcionadas por objetos cortantes y punzantes sobre el cadáver, dejan marcas impresas en los huesos, lo que puede revelar la forma y el modo de matar del culpable, o el tipo de arma usada en el crimen. La destrucción de órganos vitales del cuerpo como el hígado o el corazón, o el análisis  microscópico del contenido de las sustancias depositadas en alguno de ellos , suele ser de interés para conocer la causa del delito. Son pues detalles que describen el modus operandi del sospechoso, y por tanto, ofrecen al investigador un posible perfil psicológico del sujeto. En tal sentido, el sadismo o la violencia empleada, nos lleva a pensar en un crimen pasional que está motivado por los celos o la envidia, donde el círculo de sospechosos recaería sobre la pareja y conocidos de la víctima, o por el contrario, resultar planificado, premeditado y preordenado lo que es propio de sujetos fríos o calculadores con fuerte tendencia psicopática. Si las pruebas antropológicas nos indicaran otra línea de investigación, entonces podríamos hablar de un sujeto desorganizado y desestructurado, que puede padecer algún tipo de trastorno o alteración mental grave.  

Un último comentario acerca de los móviles del delito. El asesinato siempre tiene un motivo, ya que si no hubiera una motivación no sería un acto intencionado, y por tanto dejaría de ser un crimen. Conocer la causa que impulsa el acto criminal, o las razones que llevan a una persona a matar, es fundamental para la investigación. ¿Por qué unos cadáveres estaban simplemente cubiertos con paja, o al descubierto, y otros fueron quemados ? ¿Por qué parecía sospechoso el yerno de la víctima ? Móviles económicos, el ánimo de venganza, las pasiones desmedidas, o aspectos emocionales exarcebados como el orgullo, la envidia, el narcisismo, la intolerancia, el rechazo o la humillación, pueden estar detrás de todo hecho delictivo.

Terminaremos este trabajo con una serie de conclusiones. La primera es que el transcurso del tiempo juega siempre a favor del delincuente y de su impunidad. Se sabe que las 24 primeras horas siguientes a la desaparición de una persona, o al acto criminal, son vitales para obtener pruebas y descubrir al culpable, lejos de ella, la investigación va perdiendo fuerza. La segunda, que una buena investigación criminal tiene que partir de la escena del crimen . El lugar del delito es la clave para resolver el caso. Su protección de intrusos e inexpertos que puedan descolocarlo o manipularlo, es fundamental para el éxito de la investigación. La recogida de muestras, objetos, armas empleadas, sustancias, restos orgánicos y biológicos, así como el interrogatorio in situ de los posibles sospechosos y testigos, es más que imprescindible. La tercera, que se deben establecer las causas del delito y confeccionar una historia o formular una teoría creíble de cómo sucedieron los hechos. La cuarta, que con los datos disponibles en la investigación criminal, resulta fundamental elaborar un perfil psicológico del sospechoso. La psicología criminal resulta muy valiosa para estos casos, ya que una personalidad inestable a causa del consumo de drogas o alcohol, o descubrir que el sospechoso es un embustero compulsivo, puede servir a la policía para que centre sus pesquisas en una línea de investigación concreta, y dedicar todos los medios y recursos a ese objetivo. En quinto lugar, que todo buen investigador debe dejar siempre la puerta abierta a nuevas pistas e indicios, en función de los derroteros por los que vaya caminando la investigación y las pesquisas criminales. En sexto lugar, que nunca se resuelve un caso por medio del empleo de una técnica de identificación concreta aunque haya sido determinante, sino que es el conjunto de elementos de pruebas encontradas, teorías aportadas, la experiencia de los investigadores o la actitud y el coraje empleados, los que al final consiguen poner fin con éxito el proceso iniciado. Es un esfuerzo coordinado e interconectado, el que da frutos. En séptimo lugar, que el fin ulterior de la investigación es averiguar el delito, identificar al culpable y ponerlo a disposición de la justicia. Establecer el quién, el cómo y el porqué. Ahí es donde termina el trabajo policial. Reunir todo este material en el atestado y entregarlo al juez.

Y por último, hay que preguntarse sobre las variables de tiempo, ocasión u oportunidad para cometer el acto criminal y relación con el escenario del crimen que pueda presentar la persona a investigar . El trabajo minucioso que cuida el detalle en busca de la verdad; indagando información de los sujetos relacionados con el delito, comprobando coartadas o estudiando las pruebas, es el que permite abrigar buenos resultados. Pero hay que reconocer que es una tarea abnegada, dura y difícil, que requiere de tesón y paciencia, ya que muchos crímenes quedan sin resolver, y en otros no se puede identificar al culpable por falta de elementos fundamentales para la investigación como son la existencia del cadáver, el arma asesina, o pruebas incriminatorias.


 

Notas

[1] GARRIDO GENOVES: “Pasado, presente y futuro de la intervención con delincuentes”. En el libro Estudio, prevención y tratamiento de la delincuencia. Editado por el Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria. Área de Asuntos  Sociales. Gran Canaria, 1993, pág. 23.

 

[1]  ARAGÓ i MITJANS: “Violencia y prosocialidad en los medios de comunicación social: su impacto en la conducta humana. Estudio, prevención y tratamiento de la delincuencia. Gran Canaria, 1993, pág. 259.

 

[1] El art.126 de la Constitución española, en relación con el art.11 de la Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, atribuye a la policía judicial, por su preparación técnica y su cercanía con la calle, las funciones  propias de la investigación criminal; de descubrir a los culpables, detenerlos y asegurarlos a fin de ponerlos a disposición del Juez o Tribunal, junto a los instrumentos, efectos y pruebas del delito. De igual forma el art.547 de la Ley Orgánica del Poder Judicial le asigna las funciones genéricas de averiguación del delito. Bajo este elenco de conceptos legales y otros que aparecen recogidos en la Ley de Enjuiciamiento Criminal—también LECRIM--, podemos descubrir las principales funciones de la policía judicial. En particular, pueden llevar a cabo: a) la inspección ocular del escenario del crimen; b) acometer la entrada y registro domiciliario en los casos de flagrante delito o de consentimiento del titular; c) la detención de aquéllos sujetos sospechosos de la comisión del delito en los términos recogidos en el art.492 LECRIM; d) realizar diligencias de investigación para comprobar el hecho delictivo y determinar su autor material, pudiendo ser de su propio impulso para atender a las funciones de prevención de la delincuencia hechas con anterioridad, o bien seguir las instrucciones y mandatos del Ministerio Fiscal o del Juez de Instrucción; e) puede realizar todo tipo de interrogatorio a los detenidos a tenor del art.520 LECRIM; f) interrogatorio a los testigos del delito en el lugar de los hechos o inmediatamente posterior en sede de la Comisaría de Policía; g) Reconocimiento del imputado o procesado a través de la llamada rueda de reconocimiento de presos, u otros procedimientos útiles al efecto de obtener la identificación del sospechoso como el álbum de fotografías o de archivos informáticos fotográfico de delincuentes con las que cuenta toda comisaría de policía; h) realizar informes técnicos y pruebas de alcoholemia, en relación con los tipos penales establecidos en la parte especial del Código Penal de 1995; i) auténticas pericias, tales como las relativas a dactiloscopia, balística, ADN, explosivos, caligráficas u otras. Todas estas actividades y otras más modernas relacionadas con la investigación criminal, serán recogidas en el Atestado policial --art.297 LECRIM--, donde se integran todas las actividades realizadas por la Policía Judicial en la averiguación del delito; personas, cosas, circunstancias, medios empleados, técnicas utilizadas en el caso, así como los informes técnicos o periciales, o las manifestaciones, consideraciones, impresiones, conclusiones o líneas de investigación seguidas acerca de determinar el hecho y su autor. El atestado que es remitido al Juez de Instrucción, puede contener dos tipos de actos: los objetivos o diligencias realizadas y los subjetivos o apreciaciones de la Policía judicial en particular sobre el delito. Su valor es de mera denuncia, aunque la práctica nos indica otra cosa que va más allá de esta consideración, ya que la preparación científica de los especialistas en la materia nos lleva a un escenario positivo para deducir la culpabilidad del sujeto.

 

[1] De forma general el art.14.2 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal recoge esta competencia, y singularmente también se contempla en el art.303 de la misma Ley para el procedimiento ordinario por delito; o en el art.24 de la Ley del Jurado para su propio procedimiento.

 

[1] En la actualidad sigue sin despuntar la deseada reforma penal con la que se pretende dotar a la figura del Fiscal de auténtico director de la instrucción penal. Y aunque cada vez más se va fortaleciendo este cometido y papel, como ya ocurre en los textos penales europeos, ésta se produce, como señala ASENCIO MELLADO; “Derecho procesal penal”. Tirant lo Blanch. Valencia, 1998, pág.53, de forma aislada y en determinados procedimientos, constituyendo a nuestra forma de ver, una situación sesgada o incompleta que no contenta a nadie, habida cuenta que la instrucción por parte de los jueces ya solamente existe en España. 

[1] A pesar de que a cada persona nada más nacer se le asigna un nombre y apellidos, y que adquiere carta de naturaleza pública y oficial con la inscripción en el Registro Civil, lo cierto es que dicha designación no posee una verdadera eficacia identificativa, ya que éste puede ocultarse o utilizarse fraudulentamente, motivo por lo que la sociedad se ha preocupado de buscar otros métodos más eficaces para identificar a las personas. 

 

[1] El argentino Juan Vucetich, fue el creador de la dactiloscopia, y el primero en aplicar el sistema de clasificación de los diez dedos, aunque previamente hubo precursores importantes como los ingleses, William Herschel, gobernador de la India Británica en 1858, o el antropólogo Francis Galton que en 1888 sienta la base de los principios de esta ciencia. En España, el promotor de la dactiloscopia, es el catedrático de anatomía de la Universidad Central de Madrid, Doctor Olóriz Aguilera, que siguiendo a Vucetich y con las modificaciones introducidas por él, consigue que su método de identificación dactiloscópica sea adoptado en nuestro país por el Cuerpo de Prisiones en 1909; después por el Cuerpo General de la Policía en 1911 y por último, en 1914 por la Guardia Civil.     

 

[1] En la reseña decadactilar, primero se toma las muestras de la mano derecha y luego de la mano izquierda. A renglón seguido, se procede a realizar la fórmula y subformula de ambas manos, siguiendo el sistema de clasificación establecido por el Dr. Olóriz que divide los dactilogramas, según el tipo de delta o triángulo geométrico que aparece impresionado sobre el dactilograma, en: a) dextrodeltos, si el delta aparece a la derecha del dedo; b) siniestrodeltos, si el delta si sitúa a la izquierda; c) bideltos si la huella contiene dos deltas, y d) adeltos o que carecen de delta. Posteriormente, y partiendo del delta, se cuentan una a una las líneas de crestas que van desde esta figura geométrica hasta el centro del núcleo del dactilograma. Al final la fórmula y subformula de ambas manos estaría representada a modo de quebrados, donde el tipo de delta –adelto, siniestrodelto, etc--, estaría destinado para los numeradores, y el cómputo de las líneas (10,12, etc),  quedaría reservado para los denominadores. De esta forma la huella dactilar de un individuo estaría completa.

  

[1] Los puntos característicos son como el retrato hablado de un dactilograma. Por la variedad y frecuencia que aparecen, tenemos: empalme, punto, ojal, interrupción, rama, bifurcación, convergencia, desviación, fragmento o línea abrupta. Hoy día el ordenador mide la forma, longitud, dirección e intensidad de cada una de estas particularidades con el fin de afirmar que la huella encontrada pertenece a una misma persona. Pero además existen otras clasificaciones. Así las crestas se pueden dividir en rectas, curvas, mixtas, cerradas o abiertas. Los deltas también son objeto de clasificación según el tipo de dibujo; derecho, izquierdo, exterior, interior, hundidos, salientes, cortos o largos, y abiertos o cerrados. Por último, todo dactilograma suele presentar un sistema basilar, donde se ubica la base de la huella; uno marginal, formado por las crestas externas más alejadas del núcleo y otro central, situado en el punto medio del dedo. Todos ellos son técnicas que se utilizan para obtener la identificación de un sujeto. 

 

[1] Existen dos tipos de ADN presentes en cada célula viva del cuerpo. El ADN nuclear y el mitocondrial. Este último, a diferencia del nuclear que está presente en aquellas células que tienen núcleo, se encuentra en el interior de las mitocondrias celulares que son extrañas al núcleo celular. El ADN mitocondrial se transmite solamente por la madre, ya que la cabeza del espermatozoide, que es la única parte que penetra en el óvulo durante la fecundación, no posee mitocondrias. Todos los hijos reciben de su madre el ADN mitocondrial, y solamente las hijas lo transmitirán de nuevo a todos los miembros de la nueva generación. 

 

[1] ALVAREZ SAAVEDRA: En su libro “Caso resuelto”. Planeta. Barcelona, 2004, pág. 45, pone de manifiesto que para que un pelo o un mechón de pelos, pueda ser analizado en busca de ADN, exige que tenga raíces. De lo contrario, resulta inservible para la identificación del sujeto. En este caso, el ADN sirvió, no para investigar un hecho delictivo, sino para descubrir la verdadera identidad de una persona. Se estaba estudiando el caso del misterio de Anastasia; la heredera de la familia real rusa de los Romanov asesinada por los bolcheviques en Ekaterinburg o Yekaterinburg del 16 al 17 de julio de 1918. El ADN mitocondrial obtenido de las muestras óseas biológicas halladas en Yekaterinburg, dieron como resultado que los restos de Ana Anderson Manahan, cuyo verdadero nombre era Francisca Schnzkowska; una mujer inmigrante polaca que había afirmado ser Anastasia hasta su muerte en 1984, no guardaban ninguna relación con los Romanov. En 1995, los laboratorios del Servicio de Ciencias Forenses del Ministerio del Interior británico, anunciaron que el ADN mitocondrial permitía asegurar que Ana Anderson no era Anastasia de Rusia, la menor de las hijas del Zar Nicolás II –pág. 56 del libro citado---.   

 

[1]La saliva depositada en el sobre con la cinta solicitando el rescate a la familia de la farmacéutica de Olot secuestrada; Mari Angels Feliu, en 1992, fue una prueba determinante para la exculpación de los principales sospechosos del secuestro. —ALVAREZ SAAVEDRA: “Caso resuelto”, págs.129 a 138--. El resultado de la muestra de ADN dio negativo.

 

[1] La Ley de Enjuiciamiento Criminal, dentro del Título V, del Libro I, que lleva por nombre “De la comprobación del delito y averiguación del delincuente”, da cauce legal a que en la investigación criminal se utilicen este tipo de técnicas avanzadas. La disposición final primera de la Ley Orgánica 15/2003, de 25 de noviembre, que vino a modificar el Código penal de 1995, ha hecho posible la obtención de muestras de ADN a las personas sometidas al proceso penal y la forma de su protección. Por un lado el párrafo segundo del artículo 363, permite al Juez de Instrucción, la obtención de muestras biológicas del sospechoso que resulten indispensables para la determinación de su perfil de ADN, pudiendo decidir la práctica de los actos de inspección, reconocimiento o intervención corporal que resulten adecuados a los principios de proporcionalidad y razonabilidad. Por otro, el párrafo tercero del art.326, deja claro que cuando se pusiera de manifiesto la existencia de huellas o vestigios cuyo análisis biológico pudiera contribuir al esclarecimiento del hecho investigado, el Juez de Instrucción adoptará u ordenará a la Policía Judicial o al médico forense, que adopte las medidas necesarias para que la recogida, custodia y examen de aquellas muestras se verifique en condiciones que garantice su autenticidad.

 

[1] La identificación del agresor por el tipo de orejas, constituyó uno de los instrumentos de reconocimiento del delincuente más importantes del siglo XIX y XX. Las policías europeas acudían a analizar la variedad de matices y particularidades que están presentes en la oreja de cada individuo debido a la alta fiabilidad que presentaban después de la huella dactilar. La identificación se realizaba sobre la oreja derecha y era usual que apareciese fotografiada en la hoja de filiación de los detenidos o ficha policial. Actualmente, marginada por otro tipo de identificación, resulta de aplicación auxiliar y excepcional, aunque puede acudirse como técnica para coadyuvar en casos concretos donde el curso de la investigación esté paralizada o en un callejón sin salida siempre que ello sea posible y se tenga la huella en la escena del crimen. En febrero de 1998, la prensa inglesa se hacía eco de la detención de un ladrón británico que fue descubierto por pegar literalmente la oreja a las puertas de las viviendas que asaltaba en Londres. Este método de identificación se viene realizando por el cotejo fotográfico, a través de un álbum de fotos, comparando imágenes tomadas a la misma distancia y con el mismo ángulo que la muestra original con el fin de encontrar las similitudes y coincidencias que existen. Se pueden realizar ampliaciones y comprobar la variedad de los cinco relieves que puede presentar el oído (lóbulo, trago, antitrago, hélix y antihélix), o las depresiones de sus cuatro cavidades (canal intertragiano, fosa navicular, foseta superior y concha). Son los valles y colinas que presenta la oreja, el instrumento clave de identificación. Fue un experto francés; Alphonse de Bertillón, funcionario de la Prefectura de Policía de París, quién partiendo de la Antropología, ideó un sistema de clasificación de las partes de la oreja con todo tipo de detalles para su identificación y conocimiento. El dictamen del experto en esta técnica, es indispensable, pero también muy subjetiva, ya que se carece de un consenso sobre el número de semejanzas que se requiere para afirmar la coincidencia, restando credibilidad a la identificación. No obstante, y pese a las discrepancias existentes sobre su fiabilidad y aplicación, resulta ser una técnica de investigación criminal importante. Las posibilidades que ofrece la informática y la tecnología al servicio de la Criminalística, tanto en el procesamiento de imágenes, como en la graduación de las zonas donde se ubiquen más fácilmente los elementos tomados de identificación, aumentan sus probabilidades de éxito.   

 

[1] Resulta sorprendente la identificación realizada por la Policía de California del cuerpo mutilado encontrado en un contenedor de basura. Se trataba de una joven modelo de 28 años, llamada Jasmine Fiore, que había sido salvajemente asesinada. Las primeras pesquisas no pudieron reconocerla ya que el asesino la había despojado de sus dientes y dedos. Al final el cadáver pudo ser identificado por los implantes mamarios. El registro del número de serie de los senos de silicona introducidos en el cuerpo de la joven, fueron clave para su identificación. Este procedimiento no es muy complicado si la prótesis ha sido colocada en un hospital con todas las garantías legales y sanitarias. El sospechoso del crimen resultó ser su ex marido, Ryan Alexander Jenkins, que días más tarde acabaría suicidándose. El caso, que fue recogido por todos los medios de comunicación, se pudo seguir digitalmente tanto en El Mundo.es del día 22-08-09 como en el País.com del 24-8-09.

 

[1] La identificación de uno de los mayores asesinos en serie de Estados Unidos, fue gracias a esta técnica  policial. Se trataba de Ted Bundy, cuya carrera criminal comenzó en California en el año 1969, extendiéndose por otros estados norteamericanos en la década de los años 70. La prueba fundamental de su culpabilidad fue un mordisco en una de las víctimas que fue fotografiado y medido como parte de la autopsia. Por unas particularidades en la forma en que estaban ordenados sus dientes en la mandíbula, que coincidían perfectamente con la herida, el jurado determinó que era el asesino. Una vez condenado a muerte por los crímenes de una serie de estudiantes ocurridos en la Universidad de Florida, Ted insinuó que podía ser responsable de más de cuarenta asesinatos. Fue ejecutado en 1989. El caso está reflejado en el libro de DAVID OWEN: “40 casos criminales y cómo consiguieron resolverse”. Londres, 2000, págs. 172-173.

[1] Un caso español que se resolvió directamente por esta técnica de identificación criminal, fue el secuestro de la joven Anabel Segura, en la localidad madrileña de La Moraleja, en abril de 1993. Los secuestradores se pusieron en contacto con la familia y la exigieron 900.000 mil euros, es decir, 150 millones de pesetas. Las conversaciones telefónicas y la cinta grabada enviada a la familia, permitió a los investigadores obtener una serie de datos relevantes. Por el ritmo y el tono de voz empleado, se pudo deducir un perfil criminológico del sospechoso o sospechosos. Parece que eran decididos pero carecían de cultura y tenían un marcado acento castellano. El empleo de ciertos giros lingüísticos que eran propios de los municipios de la provincia de Toledo como el uso de la palabra “bolo”, fue decisivo para ubicar el domicilio de los culpables y el lugar del crimen. Gracias a la colaboración ciudadana, que estaba volcada en la resolución del caso, la investigación fue avanzando en sentido positivo hasta que por fin alguien pudo reconocer la voz del sospechoso.  

 

[1] El artículo 520 LECRIM, recoge los derechos que asisten al detenido a la hora de proceder a su interrogatorio. Entre otros, el derecho a la asistencia de un abogado tanto en las declaraciones policiales como judiciales. A no declarar contra sí mismo, a no confesarse culpable, a no contestar a determinadas preguntas, a la presunción de inocencia, a comunicar la detención a un familiar, o a que sea reconocido por un médico forense.  

 

[1] Las respuestas evasivas que da el sospechoso frente a las preguntas de los investigadores, suele ser un signo evidente de que el individuo oculta información. Esta actitud permite a la policía sacar consecuencias significativas para la investigación, alimentando la teoría de la participación en el delito. En el libro de DAVID OWEN: “40 casos criminales y cómo pudieron resolverse”. Londres, 2000, págs. 184-186, se recoge el caso donde las contestaciones evasivas que ofreció Malcom Fairley, en los delitos de robos y agresiones a casas del sur de Inglaterra, ante la desconfianza y falta de credibilidad que esto generó en los agentes, dio lugar a que la Policía registrara su casa y encontrara en ella objetos y elementos de convicción relacionados con los delitos suficientes para ordenar su detención. Posteriormente confesó y fue condenado en 1985 a seis cadenas perpetuas por una serie de asaltos violentos y violaciones.

    

[1] Este fue el caso de Steven Benson. La actitud tan asombrosamente calmada y tranquila que mantuvo ante la gravedad de los hechos, le delató. Los investigadores estaban asustados por este comportamiento, lo que atrajo su atención, siendo decisivo a la postre para la resolución del caso. El coche familiar donde estaban sentadas su madre y su hermana había explotado, muriendo las dos en el acto. Las pesquisas encontraron restos de una bomba compuesta por un tubo galvanizado sellado con dos tapones. Steven fue reconocido por el dueño de una tienda donde se compraron dichos artilugios. Mas tarde, en 1985, sería declarado culpable del asesinato de su madre y hermana. La venganza y el móvil económico estaban detrás de dicho crimen. La madre de Steven le cogió varias veces robándole dinero, por eso quería cambiar el testamento con el fin de que no percibiera diez millones de dólares que él esperaba obtener. 

 

[1] La Ley de Enjuiciamiento Criminal regula en los arts. 385 a 405 la forma en que debe realizarse el interrogatorio. Las preguntas sobre los hechos serán directas, evitando las que sean capciosas o sugestivas, no pudiendo dirigirse con amenazas o coacciones al detenido o procesado por el delito. Aunque lo importante del interrogatorio judicial realizado en la fase de instrucción penal, es que para que tenga el valor de prueba incriminatoria que sea de cargo, ha de practicarse en el momento del acto del juicio oral, también conocido como el plenario. Allí es donde surten efectos los principios y garantías constitucionales de las pruebas presentadas, y la interpretación que ha de darse para desvirtuar la presunción de inocencia de que goza todo acusado con el fin de llegar a obtener la convicción del juzgador sobre los hechos criminales. 

 

[1] Con el título “De las declaraciones de los procesados”, se contempla en el art. 406 de la LECRIM, la confesión judicial. Pero no siempre es posible el reconocimiento de los hechos ante el Juez de Instrucción. Hay casos, como el de la viuda de Toureaux, un crimen pasional en la Francia de los años treinta, que nunca fue descubierto. Transcurridos muchos años, los investigadores reciben la carta de una persona que se autoinculpaba de su muerte. La misiva ofrecía todo tipo de detalles sobre el crimen que encajaban en el caso. El rechazo amoroso fue la causa, y ahora que el delito había prescrito, al individuo ya no le importaba reconocerlo. La policía llegó a determinar que era la confesión del auténtico asesino. El suceso está documentado en el libro de MARTINEZ LAINEZ: “Crímenes sin castigo. Once asesinatos perfectos”. Madrid. 2002, págs.85 a 94. En cuanto a la declaración de los testigos, los artículos 410 al 450 LECRIM, regulan el cómo han de hacerlo y los requisitos legales para ello.

 

[1] La rueda de reconocimiento se contempla en los artículos 368 y siguientes de la LECRIM. Para su práctica, se ordena, que junto al sujeto a reconocer, aparezcan de pie mezcladas una serie de personas con similares características físicas que aquél. La posición de las partes puede ser modificada a juicio del tribunal. A partir de entonces, el testigo o la persona que haya de practicar el reconocimiento deberá manifestar si se encuentra en la rueda o grupo de personas el acusado, haciéndolo de manera afirmativa, clara y determinante. En la diligencia que se extienda con motivo de la rueda, deberán constar todas las circunstancias del acto, así como los nombres de todas las personas que la hubiesen formado.

 

[1] El reconocimiento del sospechoso a través de la fotografia policial, a pesar de las  dificultades que puedan surgir, suele ser una herramienta de trabajo útil para la investigación policial. A comienzos del siglo XX, era frecuente su aplicación. Los detenidos eran retratados de frente y de perfil, formando una serie de libros y colecciones repletas de fotografías, lo que fue de gran ayuda para el reconocimiento del delincuente. Hoy día, el avance de técnicas como el ADN y la huella digital, ha mermado su eficacia. Además de los problemas propios de su naturaleza, ya que no se puede evitar que el sujeto cambie de aspecto con el transcurso del tiempo, envejezca, o voluntariamente, con el fin de impedir su identificación, pues lleve a cabo transformaciones como dejarse crecer la barba, o afeitarse el bigote que antes le caracterizaba.

   

[1] Este es un caso raro de estudio para la grafología ya que se analizaba no la escritura del procesado, sino de la propia víctima. En junio de 1991, un joven jardinero marroquí había sido acusado del asesinato a puñaladas de su señora en el chalet donde trabajaba, en el pueblo francés de Moulins. La causa no era otra que una pintada de sangre encontrada en el sótano donde se responsabiliza de su muerte a Omar Raddad. Literalmente la pintada escrita con la sangre de la víctima, decía: “Omar ma tuée”, es decir, “Omar me ha matado”. Las sospechas recayeron rápidamente sobre el jardinero. Había desaparecido de la casa y faltaban 4.000 francos. Los expertos grafólogos encargados del caso trataron de comparar las letras escritas en la pared con la sangre de la víctima, con las de los crucigramas encontradas en la casa de la asesinada, certificando su coincidencia. Y a pesar de que Omar fue condenado a 18 años de cárcel, ante su buen comportamiento y las dudas legales que ofrecía su caso, fue perdonado por el Presidente de la República  En el proceso de apelación, otros peritos grafólogos asignados al caso, encontraron discrepancias entre las letras escritas con sangre y los crucigramas, alegando además, que era casi imposible que una persona agonizante y que hubiera perdido tanta sangre como la víctima, pudiera tener fuerzas para escribir dicha frase. Finalmente otras teorías apuntaron a que el mensaje pudo ser escrito por otra persona para incriminar a Omar Raddad. Se localizaron un par de guantes quemados en la chimenea con los que se pudo escribir el mensaje y un coche donde iban dos hombres y una mujer, que en el día de los hechos habían estado merodeando por el lugar del crimen. El caso de Ghislaine Marchal, es recogido por DAVID OWEN:” En los 40 casos criminales y cómo consiguieron resolverse”. London, 2000, pág. 40.

 

[1] Demandas de rescate en un secuestro, cartas falsificadas o alteradas, cheques bancarios, talones u otros documentos financieros que pueden ser provechosos para el delincuente siempre que consigan pasar por auténticos, forman parte del campo de actuación de esta ciencia. Los grafólogos estudian detalladamente algunas letras; por ejemplo si la letra i aparece con el punto, o si se ha escrito con un trazo hacia arriba, u otra marca que la destaca. Otro campo de análisis observa la altura de las letras, su posible inclinación o el espacio que hay entre las palabras y las líneas. Al igual que el estudio de la firma y la rúbrica. Sus trazos, la presencia o ausencia de conexiones entre las letras, o simplemente la situación de una rúbrica comparada con el texto impreso de un documento, es una variación importante para la identificación criminal.    

 

[1] La inspección ocular del escenario del crimen o lugar del delito, es una tarea propiamente asignada a la Policía Científica encargada del caso. Su regulación --arts. 292; 786; y 326 a 334--, aparece desperdigada en nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal. En el atestado policial, se procederá a recoger todo tipo de circunstancias, cosas, personas relacionadas con el delito a las que deberá identificar, también deberá levantar planos del lugar de situación del cadáver, tomando fotografías, grabaciones o filmando o recogiendo datos sobre las cosas o personas relacionadas con el crimen; de igual forma, los agentes de la autoridad podrán emitir informes de carácter subjetivo acerca de los motivos y las consideraciones que estimen oportunas establecer sobre el delito para su posterior elevación al Juez de Instrucción.

 

[1] El Juez de Instrucción que llevó el caso del llamado asesino de Castellón --que trajo en jaque a toda la policía y guardia civil de la provincia entre los años 1995 a 1998, tras la confesión hecha de los asesinatos cometidos al haberse encontrado previamente en el registro domiciliario de su casa, la cinta con la que presumiblemente había estrangulado a una de la mujeres desaparecidas--, procedió a ordenar la diligencia de reconstrucción de los hechos con la presencia física del acusado, el cual explicó el cómo y el cuándo de sus crímenes, localizando el cadáver de las fallecidas, algo que sólo él podía conocer. El caso se puede seguir en el libro de CARLOS BERBELL y SALVADOR ORTEGA: “Psicópatas criminales”. Con prólogo de José Antonio García Andrade. La Esfera de los Libros. Madrid, 2003, págs.315-332.

 

[1] El diario El Mundo, en la edición escrita del día 18 de septiembre de 2009, nº 7214, en su pág. 30, recoge el caso donde la Policía, antes de proceder a la detención del sospechoso por la muerte de una joven estudiante de la Universidad de Yale, había examinado en su investigación hasta 700 horas de grabación de las cámaras ubicadas en el centro. El cadáver de Annie Le, apareció emparedado en la sala de contadores del sótano del laboratorio de farmacología. El sospechoso posteriormente había dado positivo en la prueba de ADN. Los investigadores que interrogaron a 150 personas por su relación directa con el caso, habían acumulado hasta 250 pruebas en contra de Raymond Clark; el máximo sospechoso por el momento.    

 

[1] Bajo el epígrafe del cuerpo del delito, el art.334 de la LECRIM, atribuye al Juez de Instrucción la obligación formal de recoger, en los primeros momentos del crimen, las armas, instrumentos o efectos de cualquier clase que puedan tener relación con el delito y se hallen en el lugar en que se cometió, en sus inmediaciones, o en poder del reo, o en otra parte conocida, extendiendo diligencia expresiva del lugar, tiempo y ocasión en que se encontraren, describiéndolos minuciosamente para que se pueda formar idea cabal de los mismos y de las circunstancias de su hallazgo. No obstante, esta tarea es una función que propiamente le corresponde realizar a las unidades de policía judicial y científica especialista en la materia, que una vez que lleven a cabo su trabajo, y esté confeccionado el atestado policial, lo enviarán al Juez de Instrucción. De hecho, el art.336 LECRIM, permite al Juez que las funciones que contempla el art.334 LECRIM, sean realizadas por peritos en la materia.  

 

[1] Existen, a disposición de los fabricantes de coches y la policía, registros y fichas de los diferentes dibujos que representan las ruedas de los coches al contacto con la superficie y sus diversos tamaños para su comparación con las del lugar del delito. Esto permite el reconocimiento del modelo y la marca de un vehiculo. En igual sentido podemos hablar de las huellas que dejan las marcas de zapatos sobre el escenario del crimen. Los fabricantes de calzados poseen gran cantidad de dibujos de suelas, lo que ayuda a los investigadores a descubrir el modelo y la empresa del sector que lo confeccionó. Además de conocer el número de pie que gasta el homicida, las partes gastadas de las suelas, permiten deducir la forma de andar del sospechoso. Si el sospechoso lleva pintura, sangre o barro bajo sus zapatos, el análisis del molde de sus huellas va a resultar menos problemático, ya que el contacto sobre el suelo limpio o un tejido como la alfombra, hace más fácil su identificación.

 

[1] MAGRO SERVET: “Guía de problemas prácticos y soluciones del juicio oral”. La Ley. Segunda edición. Madrid, 2009, recoge ampliamente la prueba de indicios en la pág 583 y siguientes. Son muchos los nombres que recibe la prueba de indicios; indirecta, mediata, circunstancial, de inferencias, de presunciones o conjeturas. La prueba de indicios practicada en el juicio oral con todas las garantías legales y con el respeto a los derechos fundamentales, es una prueba suficiente para determinar la condena del acusado. Como no siempre es posible contar con una prueba directa como pudiera ser la existencia de un testigo de vista que ha reconocido al acusado como autor del delito, la confesión del procesado, o determinadas pruebas científicas que por su fiabilidad y certeza como la huella dactilar o el ADN, incluso otras que por su inmediatez son dignas de dicho trato como estar en presencia de un delito flagrante, o el instantáneo registro y cacheo del sospechoso por la policía con los efectos y armas del crimen, pues la jurisprudencia interpretando la norma penal, establece la plena vigencia y eficacia de la prueba de indicios. La sentencia del Tribunal Supremo de 25 de enero de 2001, deja claro la necesidad que tiene el Estado de Derecho de arbitrar un equilibrio de intereses entre los derechos constitucionales puestos en juego: “Estos quedarían cuestionados, sino se admitiera la prueba de indicios, determinantes de la responsabilidad penal, ya que son muchos los supuestos que determinarían automáticamente la absolución del acusado al carecer de prueba directa en el juicio”. Los indicios no son más que testigos mudos a los que sólo les hace falta hablar. Restos de pintura en el pantalón del sospechoso que se corresponden con la pintura del escenario del crimen, el arma asesina en poder del acusado, pelucas, pasamontañas y máscaras encontradas en la casa de uno de los imputados relacionadas con una serie de atracos, el dinero procedente del robo, el diario de la víctima asesinada encontrada en el domicilio del sospechoso, no encontrar la escopeta homicida en casa del acusado que declaró tener siempre consigo, declarar no tener llave del apartamento y resultar que no es cierto, detonadores similares a los utilizados en el lugar del delito encontrados en una granja propiedad del sospechoso, el modelo de la suela de los zapatos del imputado coincide con las huellas de las pisadas recogidas del camino donde apareció el cadáver, trozos de esquirla del cuchillo que penetró en el cuerpo de la víctima que aparecen en el coche del acusado, arsénico y restos de sustancias letales guardadas por el acusado en su casa localizados tras un registro domiciliario u objetos personales de la asesinada como una medalla o un anillo en posesión del sospechoso, son pruebas indirectas o indicios que pueden servir para condenar al acusado siempre que se den en la causa una pluralidad de ellos, y entre los hechos base (ropa y enseres en poder del acusado que pertenecían a la víctima) y los hechos consecuencia (inducción de que sólo el imputado podía acceder a sus pertenencias y por tanto deducir racionalmente que sólo él podía haberla matado), haya un enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano. Es decir, que entre uno y otro, haya una conexión de forma que acaecido el primero, pueda afirmarse que se ha producido el último, porque las cosas ordinariamente ocurren así, y así lo pueda entender cualquiera que haga un examen detenido de la cuestión –STS de 12 de diciembre de 2000— Un solo indicio, o meras sospechas o conjeturas, tener ocasión para delinquir o poseer medios aptos para su comisión, no son suficiente para obtener la condena del procesado. Se necesitan dos o más indicios. La célebre sentencia del Tribunal Constitucional de 28 de julio de 1981, es muy clara al respecto: “Para desvirtuar la presunción de inocencia se requiere una mínima actividad probatoria producida con todas las garantías y que pueda considerarse de cargo”. Por actividad probatoria de cargo, se ha de entender el razonamiento lógico al que llega el Juez a través de la valoración de la prueba de acuerdo con las reglas del saber humano, y que conduce a la convicción de la culpabilidad del sujeto.

 

[1] Para la identificación del arma del crimen que nos lleve al culpable, es necesario relacionar la bala asesina con el tipo de rifle o pistola empleada. El dato esencial procede del hecho de que las armas con cañon rayado, las estrías de cada bala dejan unas marcas en su superficie que es única. Si sobre el escenario del crimen los investigadores encuentran las balas, es posible encontrar el arma empleada, y así poder deducir, su fabricante y el posible comprador. Con las balas con carga explosiva dentro de una cubierta, sucede que la vaina es empujada hacia atrás, quedando grabadas en su interior las huellas y detalles de las imperfecciones del expulsor y de ciertas piezas del arma como el percutor. Estas marcas varían en cada arma, pero son casi idénticas en todas las vainas expulsadas por la misma arma. En el laboratorio balístico se compara los dibujos dejados impresos en las balas, con la bala recogida en el escenario del crimen, que analizada a la luz del microscopio y una vez comprobada las coincidencias que existen, permite obtener  una identificación positiva. Son muchos los casos resueltos por esta técnica, pero de todos ellos el de los crímenes de los marqueses de Urquijo, en agosto de 1980, tuvo una resonancia especial. El estudio de las balas encontradas en la escena del crimen y las vainas, dieron como conclusión inicial, que todas habían salido de la misma pistola; una Star del calibre 22. Las principales sospechas pronto recayeron sobre Rafael Escobedo; que pese a estar en trámites de separación todavía era el yerno de los marqueses. Por medio de la información de una fuente policial cuya identidad fue siempre preservada, se procedió al registro de la casa del padre del sospechoso, que era un cazador consumado en posesión de varias armas legales y perfectamente documentadas, entre ellas una Star del calibre 22, modelo F. En dicha finca, la Policía encontró numerosos casquillos de bala en un lugar donde habitualmente se realizaban prácticas de tiro. Uno de ellos se correspondía con los cuatro recogidos en el lugar del delito procedente de la pistola empleada en los crímenes. Posteriormente el informe pericial confirmaba que todos los casquillos eran iguales y que habían salido de la misma arma, lo que fue decisivo para que Rafael Escobedo fuese condenado por la muerte de los marqueses. El hecho aparece recogido en ALVAREZ SAAVEDRA: “Caso resuelto”. Planeta, Barcelona, 2003, págs. 265- 276.   

 

[1] El domicilio a los efectos de la garantía penal, tiene una interpretación amplia. Se entiende que es el lugar habitual donde se desarrolla la vida íntima del ciudadano y su familia. Acompaña al propio sujeto allá donde está, pudiendo ser objeto de protección más de un domicilio, puesto que el objetivo fundamental es salvaguardar la intimidad del individuo. La célebre sentencia del Tribunal Constitucional 22/84, de 17 de febrero, dejó claro que el concepto de domicilio es de mayor amplitud que el concepto jurídico-privado o administrativo que legalmente se suele dar al mismo. La entrada y registro del domicilio, que se regula en los arts.545 a 572 LECRIM, suele dar resultados positivos para la investigación criminal. Armas usadas en el delito, dinero e instrumentos procedentes de los atracos o de la venta de drogas, libros y documentación comprometida, o determinada información reveladora para el esclarecimiento del crimen, son consecuencias del registro realizado.   

 

[1] Actualmente, en la época de la información y la robótica, donde el avance tecnológico y científico no para de asombrarnos, el registro del ordenador de cualquier sospechoso, puede significar el descubrimiento de archivos y documentos informáticos relevantes para la investigación criminal. Material delictivo donde se recojan datos relacionados con los crímenes cometidos o por perpetrar, el acceso prohibido a números de claves de tarjetas de crédito, números de cuentas bancarias ajenas, o el conocimiento de información restringida violando las normas de propiedad intelectual e industrial que las protegen, suelen dejar rastro informático. De todos los casos conocidos hay uno que sobresale por encima de otros. Hablamos de la leyenda de Mitncik, un hacker hábil e inteligente de Estados Unidos cuya actividad había sobrepasado todas las barreras legales posibles, siendo incluso objeto de admiración. Un pirata de la información que había atacado los sistemas informáticos de escuelas, grandes empresas de telefonía, incluso robos de códigos de seguridad. Su documentación se recoge ampliamente en el libro Caso Resuelto de Félix José Alvarez Saavedra, editado por Planeta, en Barcelona, 2004, págs. 197 y siguientes. 

 

[1] Cuando han pasado varios días del fallecimiento, las bacterias e insectos comienzan a aparecer. Las primeras atacan la sangre, provocando manchas verdes en los costados y en el abdomen; dos días después se extenderá a brazos, piernas y cuello, comenzando el cuerpo a hincharse. Las segundas, como la mosca azul y la mosca verde ponen huevos en la carne fresca que vienen a eclosionar entre las 8 y 14 horas después. Tras su desarrollo, se convierten en gusanos entre los 10 y 12 días más tarde. Posteriormente abandonan el cuerpo para proseguir en otro lugar. La mosca común tiene un ciclo similar. Con estos datos, los entomólogos forenses pueden hacer una estimación fiable de la fecha de la muerte y el tiempo que lleva el cadáver muerto, aunque es más difícil que se pueda deducir la hora de la misma.

 

[1] El veneno suele dejar claros residuos en el hígado o en el estómago de la víctima. Su análisis y estudio microscópico en el laboratorio del Instituto de Toxicología, o en el laboratorio anatómico forense adecuado, nos informa del tipo de sustancia química empleada, la dosis presumible o la eficacia en cuanto a sus efectos letales. El asesino busca no sólo que el veneno produzca  el fallecimiento sino que permita sugerir al investigador que estemos ante una muerte natural. En ese sentido hay una amplia gama de venenos que por los efectos físicos que producen, suelen confundir a los expertos forenses al ser parecidos a los de ciertas enfermedades mortales. Sin embargo, hoy en día los venenos más potentes no están a disposición del público en general, sino que el contacto con ellos está restringido; tan sólo al alcance de determinados profesionales de la industria farmacéutica o médica, lo que hace que este tipo de actos criminales haya perdido fuerza para los delincuentes. El talio, uno de cuyos efectos es la pérdida del cabello de la víctima, fue la sustancia escogida por  Carolina Grills, para envenenar a varias personas que cuidaba en 1948. Los pacientes parecían enfermos, pero la alarma saltó cuando uno de ellos había perdido todo el pelo. Uno de los parientes sospechó algo, y una taza de té fue llevada a la Policía para su análisis. Los resultados detectaron talio, que al ser un metal pesado, en contacto con otras sustancias de referencia, permitió su reconocimiento –DAVID OWEN: “40 casos criminales”. London, 2000, pág. 75--. El antinomio, el cianuro, la atropina, el arsénico, determinados hongos, o el ricinio, son otros venenos letales. 

 

[1] Para MARTINEZ LAINEZ: “Crímenes sin castigo. Once asesinatos perfectos”. Madrid. 2002, págs. 109-128, la falta de motivación en el caso del crimen de los Galindo, en un cortijo del pueblo sevillano de Paradas, donde cinco personas fueron asesinadas en plena luz del día de forma brutal y siniestra, es una de las razones que impidió conocer al culpable. El crimen no se pudo recomponer ni justificar porque no había una deducción lógica de los hechos. Nadie pudo conocer a ciencia cierta por qué se habían producido las muertes, lo que pesa como una losa en la investigación criminal. La hipótesis de que se trataba de una venganza de un grupo mafioso internacional dedicado al tráfico de marihuana, parecía inconsistente, ya que la policía nunca encontró cultivo alguno de hachís en el cortijo, y una vez descartado el móvil del robo, ya que de la casa no desapareció nada, los asesinatos cayeron en vía muerta.  

 

[1] En el caso del asesinato de un rico y poderoso hombre de negocios en las Bahamas llamado Sir Harry Oakes, en julio de 1943, la policía centró sus pesquisas directamente sobre el yerno de la víctima; las malas relaciones entre ambos eran palpables. Los investigadores pensaron que el móvil del crimen fue económico y que tuvo como objetivo impedir que el suegro del sospechoso, alterase el testamento y desheredase a su hija, lo que sin duda dejaría a su yerno; un exitoso mujeriego, sin dinero.

 

[1] El escenario del crimen, es uno de los cuatro elementos que se requiere para la existencia de un delito. Los otros son: un delincuente que lleve a cabo la acción antijurídica; una víctima objeto de la misma y el quebrantamiento de una ley. Así en LUIS MONTORO y VICENTE GARRIDO: “Líneas directrices en la investigación victimológica actual”. Estudio, prevención y tratamiento de la delincuencia. Gran Canaria, 1993, pág. 293.

[1] CARLOS BERBELL y SALVADOR ORTEGA: “Psicópatas criminales”. La Esfera de los Libros. Madrid, 2003, pág. 68: el agresor da pistas sobre el tipo de trabajo que desempeña y donde puede vivir.  


Julio Leal Medina. Doctor en Derecho.