|

El filósofo asesor es, en principio, un titulado superior en filosofía que, generalmente tras la realización de unos cursos prácticos, aborda el sufrimiento de sus clientes a través de la filosofía práctica. Por tanto el filósofo asesor se presenta como una alternativa a la psicología, a la psiquiatría o a la psicoterapia, y no se orienta bajo los términos salud-enfermedad ni intenta patologizar al cliente. El diálogo mayéutico, la comprensión del individuo, el análisis de los conceptos que rigen su vida, o la distorsión entre el pensar y el actuar forman parte de dicho asesoramiento. Su campo profesional lo constituyen clientes con algún problema vital o, en su caso, pacientes que pueden encontrarse en el ámbito de la neurosis de sentido o, como llamó Viktor E. Frankl, neurosis noógenas. También componen su campo de actuación clientes que, sin estar en el campo de la neurosis, sufren una falta pronunciada de sentido en su existencia. El cliente no ha de tener conocimientos filosóficos ni el filósofo asesor le indicará pautas de comportamiento como adecuación a la obra de tal o cual filósofo, sino que todos tenemos una filosofía de vida que ha de ser dilucidada para examinar si esa filosofía nace del propio individuo, de su herencia familiar o social, y si queremos seguir por ese camino o deseamos estructurar de nuevo nuestra forma de interaccionar con el mundo y con los otros. El asesoramiento filosófico (también denominado orientación filosófica, o consultoría filosófica) es, como decíamos en líneas anteriores, una alternativa-desconocida para muchos- a la psicología, la psicoterapia en general o la psiquiatría, pero no es sustituta de ellas, esto es muy importante dejarlo claro.
El asesoramiento filosófico nace en Alemania en el año 1981, cuando el filósofo Gerd B. Achenbach abre la primera consulta. El conocimiento del filósofo asesor adquiere su mayor publicidad a través del bett seller Más Platón y menos Prozac, de Lou Marinoff, si bien para muchos asesores este libro difiere del asesoramiento filosófico stricto sensu, por cuanto en sus páginas se acerca a la mera autoayuda y a la orientación a través de unas pautas marcadas por determinados filósofos.
La filosofía en sus orígenes era eminentemente práctica y el estudio de conceptos, así como la teoría en general, se desarrollaba con miras a una perspectiva vital, vida sin la cual la filosofía no tenía sentido. Muy al contrario a lo que entendemos ahora por filosofía, saber que la mayoría de la gente vincula a aquellos profesores que hablan de filósofos desde sus puestos de universidad. Aquí podemos poner el ejemplo de Wittgenstein por cuanto le parecía inútil dedicarse a la filosofía sin ser antes un hombre, todo ello en un intento de conciliar su vida con su obra filosófica. En una carta a Russell le dice desde su aislamiento en Skjolden, al norte de Bergen (Noruega): “Cómo puedo ser un lógico sin ser antes un hombre. Antes que cualquier otra cosa, debo aclararme conmigo mismo”.
La filosofía no debió dejar su orientación práctica. Ahora son muchos los psicólogos que se acercan a los filósofos para dar instrumentos que incorporar a nuestra vida anímica y, en consecuencia, toman de la filosofía aquello que los filósofos mismos han despreciado porque la filosofía para éstos parece comenzar y finalizar en sus cátedras universitarias.
Recomendamos vivamente el libro de Luis Cencillo “Cómo Platón se vuelve terapeuta” como respuesta a Lou Marinoff. De él extraemos estas palabras: “Filósofo nato, llevaba años y años camuflándome: era una deshonra ser filósofo en los años 70 y 80, pero la vigencia creada por Marinoff me permite de nuevo declararme filósofo, pues de la filosofía y no de la medicina ni de la psicología siquiera es de donde he obtenido las herramientas y la capacidad de visión más eficaces para mi método terapéutico (…) el mal no está en los orígenes, que al ser recordados lo resuelvan, sino en el mundo y la identidad personal que de aquellas fijaciones y represiones procedieron y esto se resuelve con una reelaboración de ese mundo y esas estructuras, reelaboración que se consigue mejor con la filosofía y la mayéutica, que mediante anamnesis y neurociencia”.
C.E.
|